Historia del teatro

Inauguración. 1667

El Teatro Principal de Palma se inauguró el 27 de agosto de 1667 con el nombre de Casa de las Comedias y con una capacidad de 800 personas. Antes, se había reunido una junta de teólogos para determinar si la representación de comedias era lícita.

Al acabar la Guerra de Sucesión, en 1715, el teatro se convirtió en el cuartel de las fuerzas partidarias de Felipe V. Después de pasar diversas penalidades, el edificio entra en decadencia.

En 1854 comienzan las obras del nuevo teatro, que llevará el nombre de Teatro de la Princesa, y se amplía el solar en el cual se ubica. La decoración interior es obra del escenógrafo francés Fèlix Cagé, que también decora el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Se inaugura el 19 de noviembre de 1857 con la asistencia de la Reina Isabel II y de la Princesa de Asturias.

Tan solo un año después, el 12 de junio de 1858, tras una función de la ópera Macbeth un incendio destruye completamente el Teatro.

Reconstrucción. 1860

Una vez reconstruido, por el mismo decorador y con los mismos planos, el teatro se vuelve a inaugurar el 14 de septiembre de 1860, ahora con el nombre de Teatro del Príncipe de Asturias. La representación escogida para la ocasión fue La campana de la Almudaina de Joan Palou i Coll  y vuelve a asistir Isabel II.

A consecuencia de la Revolución de 1868 el recinto vuelve a cambiar de nombre y pasa a denominarse Teatro Principal.

Desde entonces se han hecho diversas reformas y modificaciones en su estructura. La primera fue durante el año 1932 y cambia de manera importante la fisonomía interna del teatro con objeto de ampliar su aforo.

Entre 1975 y 1978, después de un periodo de gestión privada, se recupera su explotación pública. En este periodo se reforma la zona del auditorio para dotarle de más capacidad. También se reforma la zona de los camerinos.

A partir del año 1980 pasó a depender del Consell de Mallorca

En la primavera de 2007 acabaron las obras que mantuvieron cerrado el recinto durante seis años y se inaugura un edificio moderno que, sin perder su carácter histórico, se adapta a las necesidades de las artes escénicas actuales.